


Patri
Este blog es de todo un poco:animales, letras de canciones, mitologia griega...
Del latín laurel o triunfo, victoriosa.
Naturaleza emotiva y activa. Se expresa por medio de la perseverancia, las asociaciones, el planteamiento y el asentamiento. Ama las innovaciones y las realizaciones. Le gusta ser asistido y apoyado.
Es exigente. Se expresa en forma original en la intimidad y en la integridad. Se distingue por su delicadeza. Ama el buen criterio y el misterio. Busca la aprobación.
Es mente de pensamiento convincente. Se expresa como pensador de alta responsabilidad moral, espíritu conservador y apego a la vida de las comunidades. Consecuente y diligente. Recibe aumento en las actividades que requieren de la acción, de la amistad, de la sociabilidad y de la urbanidad. Ama, educa y embellece, no tanto en su propio bien como en el de los demás.
Podría destacar en profesiones como médico, enfermero, músico, asistente social, arquitecto, decorador de interiores, cocinero o profesor.
Princesa.
Naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz. Ama la armonía de las formas y los métodos persuasivos. Le gusta sentirse alabado.
Es exigente. Se expresa en forma original en la intimidad y en la integridad. Se distingue por su delicadeza. Ama el buen criterio y el misterio. Busca la aprobación.
Es mente de pensamiento desbordado. Se expresa como pensador inspirado que eleva las ideas y hace de cada idealización una realización. Recibe aumento en labores que requieren de la comunión de su pensamiento con la cosa pensada. Labores más bien cerebrales que manuales. Ama las cosas del pensamiento, más al crearlas que al disfrutarlas.
Podría destacar en profesiones como médico, enfermero, filántropo, abogado, escritor, pintor, bailarín o en labor comunitaria, sirviendo al público.
Naturaleza emotiva que todo lo aprovecha. Se expresa por medio del método, la ejecución y la jerarquía. Ama lo sólido, lo que crece y lo protege. Le gusta sentirse seguro.
Se amolda a todo. Se expresa en la jovialidad, la amenidad y la prodigalidad. Ama la dignidad y el renombre, lo bello, lo que crece y engrandece.
Es mente de pensamiento deductivo. Se expresa como pensador independiente, con autoridad y lealtad, generalmente en actividades exclusivas, más dependiente de la intuición que de la razón. Recibe aumento en tareas que requieren meditación, inspiración, inmersión en las profundidades del ser y de las cosas. Ama lo complejo y lo elevado, lo que se siente y lo que se presiente.
Podría destacar en profesiones como científico, profesor, ocultista, escritor, horticultor, inventor, abogado, doctor, actor, analista o líder religioso.
Cuento Tradicional cortesía de Rafael. Y dice así:
En una tarde soleada una madre con sus tres hijas estaba cosiendo a la puerta de su casa y como se le acabase el hilo mandó a su hija mayor subir al desván a buscar más hilo.
La hija mayor subió y en lo alto de la escalera se encontró con una cabra, que había trazado una línea con tiza en el suelo y le dijo:
—Soy la cabra montesina que vivo en montepelado, y al que pase de esta raya me lo como de un bocado.
La hija mayor no hizo caso, cruzó la raya y la cabra se la tragó.
La madre, al ver que no bajaba su hija mayor, dijo a la mediana:
—Sube al desván a ver qué hace tu hermana y bájame el hilo.
Al llegar a lo alto de la escalera, la hija mediana vio a la cabra que decía:
—Soy la cabra montesina que vivo en montepelado y al que pase de esta raya me lo como de un bocado.
La hija mediana no le hizo caso, cruzó la raya y la cabra se la tragó.
Como no volvían sus hermanas, después de un rato dijo la hija pequeña:
— Madre, ¿quieres que suba yo y baje el hilo?
—No, tú eres demasiado pequeña y no lo alcanzas, subiré yo.
Al subir la madre, oyó a la cabra que le decía:
—Soy la cabra montesina que vivo en montepelado y al que pase de esta raya me lo como de un bocado.
La madre atravesó la raya y la cabra se la comió.
La hija pequeña, al ver que pasaba el tiempo y no bajaban su madre y su dos hermanas, se puso a llorar amargamente.
—¿Por qué lloras, niña? —Le dijo una hormiga que pasaba por allí.
La niña se lo contó y la hormiga le dijo:
—No llores ni tengas miedo, yo te acompañaré.
Y subieron por la escalera y se encontraron con la cabra que les dijo:
—Soy la cabra montesina que vivo en montepelado y al que pase de esta raya me lo como de un bocado.
La hija pequeña no se atrevía a cruzar la raya y se puso a llorar porque a su madre y a sus hermanas se las había tragado la cabra.
La hormiga, sin embargo, dijo a la cabra:
—Pues yo soy la hormiguita que vivo en mi hormigar y pica que te pica yo te haré brincar.
Y cruzó la raya, saltó a una pata de la cabra, se escondió entre los pelos de la cabra y empezó a darle picotazos en todas las partes del cuerpo.
La cabra daba grandes saltos porque le dolían las picaduras de la hormiga y, en uno de ellos, se cayó rodando por las escaleras y del golpe reventó y salieron de su barriga la madre y las dos hijas.
Muy felices la madre y sus hijas pensaban cómo agradecer a la hormiguita lo que habían hecho por ellas.
—Le daremos un celemín de trigo —dijo la madre.
Pero la hormiga dijo: —No cabe tanto en mi taleguillo, no muele tanto mi molinillo.
—Le daremos un puñado de trigo —dijo la hermana mayor.
—No cabe tanto en mi taleguillo, no muele tanto mi molinillo.
—Le daremos un grano de trigo —dijo la hermana pequeña.
—Sí cabe tanto en mi taleguillo, sí muele tanto mi molinillo.
Y le dieron un grano de trigo y la hormiguita se fue muy contenta.
Y así se acaba la historia de la cabra montesina que vivió en montepelado y al que pasaba la raya se lo comía de un bocado.
Y colorín colorado esta historia ha terminado.
Un poco de historia
![]() | De la época prerromana se conservan sólo vestigios de algunos castros, como el que existió en la punta Carboeira y el de Centroña, donde se encontró un torques de oro. Este último lo habitó también una población romana, a juzgar por los restos de esta época localizados a la orilla del mar. Lo más significativo es el descubrimiento realizado el año 1950 de una mansión romana, invadida en parte por las mareas, en una pequeña ensenada próxima a la población de Centroña. Los mosaicos y otros restos se exponen actualmente en el Museo Arqueológico del Castillo de San Antón, en A Coruña. Estos y otros restos de la época imperial dispersos por diversos lugares del municipio y de los vecinos apoyan la posible identificación de Pontedeume con la ciudad de Pontumio, nombre con que se designa la batalla en que Froila derrotó a Omar, apartando definitivamente a los moros de Galicia. | ||||
El núcleo urbano de Pontedeume conjuga lo moderno con lo clásico | |||||
La historia documentada empieza en la Navidad de 1270, cuando Alfonso X el Sabio concede a los vecinos de la comarca la autorización para construir una ciudad en el lugar de Ponte do Eume con gobierno autónomo; es decir, dependiendo únicamente del rey. Pero en el año 1371, Enrique II de Trastámara, después de derrotar a su hermano Pedro, concedió el señorío de la villa a Fernando Pérez de Andrade o Bo, en pago por su colaboración en las luchas fratricidas. | ![]() | ||||
Interior de la iglesia de As Virtudes | |||||
Los Andrade, a partir de entonces, fueron aumentando sus dominios sobre la comarca, anexionándose por la fuerza las propiedades de la Iglesia hasta alcanzar vastos territorios, que se extendían hasta Ferrol, Vilalba y Betanzos. El gran poder que ejercía esta familia y los abrumadores impuestos que imponía a sus súbditos motivó la primera guerra Irmandiña en 1431, dirigida por Rui Xordo contra Nuño Freire de Andrade. La villa, bien amurallada, hizo fracasar el primer intento de los sublevados. No así la segunda tentativa, capitaneada por Alonso de Lanzós, que se apoderó de Pontedeume por un cierto tiempo.
A mediados del siglo XVI una heredera de los Andrade se casó con Pedro de Castro, conde de Lemos, con lo que se unió el señorío de los Andrade a esta poderosa casa gallega. Al fusionarse el condado de Lemos y el ducado de Alba, pasaron a dominio de los duques de Alba todas las propiedades y títulos de los Andrade. El desplazamiento del señorío hacia familias extrañas a Pontedeume contribuyó al decaimiento de la villa, que sufrió, además, devastadores incendios.
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